domingo, 17 de septiembre de 2017

Infantilina

Yo pasé de niño una depresión infantil que me obligaba a confesar con pelos y señales a mis padres el más recóndito e inconfesable de mis pensamientos. Si no, no me quedaba tranquilo. ¡Lo que mis padres sufrieron conmigo y la paciencia y el cariño con que me trataron!

Esa manía de contar todos mis pensamientos la he achacado siempre a mi natural escrupuloso hasta que un psiquiatra me ha explicado que eso es habitual en las depresiones infantiles. Yo tenía una sed de pureza más grande que yo mismo y necesitaba matar mis demonios echándolos fuera. Esos demonios los alimentaba el ambiente enrarecido de mi clase, que prefiero no contar aquí, mientras el maestro, un viudo depresivo, no se coscaba.

Si se pudiese concentrar en una pastilla las ganas de vivir y de ser feliz que tiene un niño a pesar de sus demonios y el acoso de su clase, podríamos curar todas las depresiones, aunque sean de caballo.

Ahora lo llaman resiliencia.

Y lo que son las cosas: hoy me he dado cuenta de que esa sinceridad en que sin querer  me ejercité de niño me ha venido de perlas en muchas circunstancias de mi vida. ¡La de cosas que uno aprende de sí mismo con el tiempo! ¡Y lo que nos queda!

lunes, 11 de septiembre de 2017

Gracias, Orosia

Muchas veces he buscado la manera de dar las gracias a Orosia, la profesora que, sin conocerme apenas de nada, me salvó el pellejo una noche en un pueblo de Jaén cuyo nombre ni recuerdo.

Resulta que calculé mal los horarios y cuando me monté en el autobús creyendo que iba a Jaén, me enteré de que me dejaba en un pueblo de la provincia, cuando he aquí que se sentó a mi lado Orosia, a quien conocía de un curso de educación sexual del CEP de Jaén para profesores.

Una de las actividades del curso consistió en que yo tenía que defender ante un grupo de mujeres la superioridad del sexo masculino y sus genitales frente al femenino. Los argumentos que, con tal de resultar convincente, di en ese momento hoy me habrían llevado al paredón. Pero Orosia, que fue quien los tuvo que soportar, no me lo tuvo en cuenta cuando me encontró en el autobús. Antes bien, viendo que el autobús me iba a soltar de madrugada en un pueblo desconocido y pequeño, me ofreció una habitación de su piso para pasar la noche, y así me salvó de andar errabundo por un pueblo dormido y cerrado hasta el amanecer.

Siempre he pensado que no le agradecí lo bastante gesto tan noble y desinteresado y, como no tengo manera de encontrarla, se lo agradezco desde esta atalaya de la Interred por si me oye desde algún lugar. Y esto es lo que le digo:

Orosia, amiga, nunca fue caballero de damas tan bien servido. Recibid mi beso, mi gratitud y mis oraciones. En mi próximo libro de poesía os dedico un poema.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Donde abro otra vez la casa y leo dos poemas

Me alegro mucho de volver a esta casa donde con gusto recibo al caminante internáutico. Todos son bienvenidos, pero especialmente quien venga con el corazón en la mano, los pies en el suelo y los ojos mirando a las estrellas. In terra pedes, ad sidera visus. Pero, vamos, que si alguien tiene los pies en el cielo y la cabeza en la tierra, también lo recibiré muy bien.

De todas las cosas que me propuse hacer en verano no he hecho ni la mitad. Por ejemplo, no he subido al Jabalcuza ni he compuesto la canción, aunque sí el poema a mi ángel.

Eso sí, he terminado mi novela y ahora la estoy revisando. Qué largas son las novelas y qué corta es la vida.

Clasificando los libros de mi biblioteca este verano, me he dado cuenta de que me moriré sin leerlos todos.

Aquí podréis oírme dos poemas de mi libro de poesía A merced de los pájaros. Los recoge un blog muy recomendable de poesía recitada por poetas de toda España y ahora reunidos en archivos sonoros a disposición de quien quiera oírlos. Tengo el gusto y el honor de estar entre ellos.



Con esos dos poemas inauguro el curso.

Espero que empecéis el vuestro radiantes de sol, cervezas, amor y poder.

Un abrazo grande a todos.

viernes, 30 de junio de 2017

Feliz verano

 Me hace mucha ilusión este verano porque voy a:

a) Componer la letra y la música de una canción que he soñado que tengo que componer a mi ángel para colgarla en youtube. Fue un sueño numinoso que me reveló incluso algunos versos. He vuelto a tocar el teclado y la guitarra a ver si se me ocurre alguna música digna. Pero he comprobado que, dedicado a la escritura, he olvidado lo poco que sabía de música. Si alguien me regala una buena música para octosílabos, yo pregonaría su autoría y se lo agradecería.

b) Disfrutar más conscientemente de los dos crepúsculos del día: el primero, cuando reboso de ilusión, ideas y energía, y el segundo, cuando me siento en la terraza a contemplar el paisaje y a beber una cerveza fría.

c) Subir una mañana muy temprano a la cumbre del Jabalcuza. Llevaré unos prismáticos y una libreta y alguna fruta. Me sentaré en la cima a hablar con Dios y a darle gracias por haberme regalado el universo y hacerme similar a él, que es anterior a todo. Es un regalo más grande que yo mismo.
d) Escribir poemas frescos y frondosos, donde sean protagonistas los árboles, el agua y, si cuadra, yo en buena compañía.

e) Acabar mi novela.

f) Disfrutar de todas las piscinas donde me inviten y bañarme en todas las playas y brindar en todas las barbacoas y acabarlas todas con un nescafé frappé.

g) Y, en fin, celebrar la vida cada vez que me acuerde de la muerte. Me acuerdo tanto de esta que me paso el día celebrando aquella.

Os deseo a todos un feliz verano. Rezaré por vosotros. Y espero encontraros en algún sueño de noche de verano.

Os dejo con una foto que me hizo mi hermano David en una cascada de Cucayo.

lunes, 26 de junio de 2017

Antígona

Leyendo Antígona con los alumnos, me pasan dos cosas maravillosas: me elevo en alas de lo sublime y, a la vez, me lo paso en grande, porque no hay frase de la obra que deje indiferente a nadie o no suscite controversia o no sugiera mil ejemplos, lo cual es una gozada para un profesor como yo que disfruta ilustrando con ejemplos prácticos los principios generales.

Todos los personajes tienen su parte de razón y, precisamente en llevarla hasta sus últimas consecuencias caiga quien caiga consiste su sinrazón. Eso sí, de todas las razones y sinrazones, las de Antígona son las que suscitan todas mis simpatías.

Creonte utiliza con ella la falacia ex populo, consistente en dar por falsa una opinión porque nadie la comparte. Y Antígona, en vez de rebatirla afirmando que una mayoría se puede equivocar frente a un solo hombre, prefiere afirmar que la mayoría lo ve como ella, pero que calla por miedo y así la vuelve contra él y la convierte en fundamento de la democracia.

En medio de discusiones sobre la justicia y la ley, los hombres y los dioses, la tiranía y la democracia, el placer y el deber, el hombre y la mujer, etc. resuenan como un chorro de sangre esas palabras dolidas de Antígona a las puertas de la muerte, las únicas que nos permiten adivinar que su amor por su prometido Hemón, era sincero y espontáneo:

“Ah queridísimo Hemón, ¡cómo te deshonra tu padre!”.